El rebozo forma parte de una tradición ancestral mexicana vinculada al cuidado del cuerpo y al acompañamiento de distintos momentos de la vida. Más allá del tejido en sí, representa una forma de contacto y de trabajo corporal en la que el movimiento, la envoltura y el gesto ritual adquieren un significado propio.
A través de distintas prácticas, como la sobada, los balanceos y las envolturas con rebozo, exploramos diferentes maneras de relacionarnos con el cuerpo. El contacto y el movimiento nos invitan a detenernos, atender a nuestras sensaciones y permitirnos recibir. La tela envuelve y acompaña el cuerpo, creando un espacio de recogimiento y atención a la experiencia.
El rebozo también forma parte de rituales que acompañan los ciclos y las transiciones vitales. El posparto, una pérdida, el final de una etapa o el comienzo de un nuevo camino pueden ser momentos en los que necesitemos hacer una pausa para reconocer lo vivido, agradecerlo y despedirnos de aquello que dejamos atrás. En estos casos, el ritual de cierre ofrece un tiempo y un espacio para dar significado a la experiencia y prepararnos para lo que viene.
Cada encuentro se adapta a la persona y al momento que está atravesando, respetando sus necesidades y sus límites. Un espacio para honrar nuestro recorrido, reconocer los cambios que nos atraviesan y dar lugar a la etapa que comienza.
